Mi ángel terrenal

Tú, seño Lola

 

Si se pudiera elegir un ángel en el que confiar plenamente el cuidado de un hijo, tú seño Lola, te convirtirías indefinidamente en el nuestro. 

Nos recibistes con los brazos abiertos, dispuesta a invadirnos con tu amor. Sin embargo te topastes con quince criaturas que te conquistaron de sopetón. Quince corazones que se clavaron en tu alma y de los que te enamorastes. Hermosos soles que llegaron a tus manos sin apenas caminar. Quince amores que atravesaron el oasis de tus ojos café buscando cobijo, que reclamaron tus cálidos besos para sentirse seguros, para acercarte a sus vidas, para convertirte temporalmente en «su mamá». 

Y la sorpresa llegó hasta a ti, cuando lamentablemente la vida te zarandeó de la manera que lo hizo. Todos lamentamos tus pérdidas.  Y sin notarlo, sin apenas darte cuenta, aquellas quince fierecillas se convirtieron en la mejor medicina que podías tomar. Quince comprimidos repletos de ilusión, inocencia, esperanza y pureza. Con un componente potente de cariño y una sobredosis de amor. Y volviste a resurgir esplendorosa, cercana y encantadora. Como deben ser los ángeles, como eres tú.

Ahora, que apenas acabó esta etapa, ya te echamos de menos…..

Te has convertido en una parte elemental de nuestra familia, de nuestra casa. Un trocito de mi alma se encoge cuando pienso que no volveremos a verte más….Serenabas mi inquietud cuando abrazabas a mi tesoro y me marchaba tranquila y flotando cuando ella te sonreía enamorada. Depositar la confianza en ti me ha hecho volver a creer en los milagros, en la mano divina de Dios. En la existencia de verdaderos ángeles terrenales que han nacido con una misión.

Agradecerte tus cuidados, tu cariño y tu atención con este post es poco, lo sé. Pero con estas líneas espero hacerte recordar siempre que hubo dos años en nuestra vida en la que nos hicistes volar, conquistando nuestros corazones por siempre jamás.

¡Millones de gracias! Siempre te querremos.

Dedicado a Lola Mauro, con todo nuestro amor.